Hoy ha sido un día en el que me he sentido y sigo sintiéndome un poco rara porque tengo mezcla de sentimientos. Por un lado me siento triste porque, como cada día, han habido tres nuevos casos de esta enfermedad. Por otro lado me siento alegre porque uno de esos nuevos tres casos es alguien conocido.
Ha salido en todas las noticias qué Unzue, un jugador y entrenador de fútbol tiene ELA. Salió él mismo dando una rueda de prensa (rueda de prensa completa) en la que explicaba cómo empezó todo, sus síntomas y cuándo le dijeron que tenía esta enfermedad.
Me he sentido triste por él, porque sé lo que le espera: lo mismo que a mí, lo mismo que a todos los demás y lo mismo que pasó mi tía y han pasado otros tantos. Pero al mismo tiempo me siento contenta porque, según ha dicho, "ha cambiado de equipo"; ahora entra a formar parte de un equipo de 4.000 que somos todos los afectados y se va a dedicar a darle voz a esta enfermedad, a darnos voz a todos, a que la ELA deje de ser una enfermedad invisible y a que todos los afectados reciban los cuidados necesarios. Me he sentido muy contenta por todo lo que eso supone pero al mismo tiempo me ha dado mucha pena de él. No he podido evitarlo.
Me siento mal al pensar que su desgracia pueda ser la esperanza de otros y la mía. Me resulta difícil de encajar que yo sea capaz de alegrarme de su mal. Me va a costar gestionar esta sensación pq es nueva para mí.





