Como ves, yo soy la enferma e imagino cómo mi marido se va sintiendo porque, al igual que tú, tampoco me lo dice (supongo que para no preocuparme) y con eso consigue que me preocupe más. No estoy muy avanzada aún y mi mayor miedo es convertirme en una dictadora, una exigente amargada. No quiero hacer daño a nadie y mucho menos a él que es mi pareja y quien está llevando toda la carga y me cuida. Ya que va ser inevitable ser una carga , al menos ser agradecida y tratar bien a quienes me cuidan y quieren.
Te voy a hablar desde mi punto de vista de enferma, con la intención de que sufras un poco menos, ¿te parece? No pretendo molestarte en absoluto. Por el contrario, me gustaría que mis palabras fueran para tí lo mismo que las tuyas para mí: el punto de vista callado del otro lado.
A mí (y enfatizo: "a mí") no me importaría en algún momento ver la frustración de mi marido, su vulnerabilidad o sus lágrimas; eso no me haría sentir mal... me haría recordar que él también sufre aunque no lo diga y quizás me haría sentir que tampoco yo tengo que ser fuerte todo el rato. No verle a él mostrar sus sentimientos hace que yo también me guarde los míos. Y alguna vez me gustaría llorar con él esos 5 minutos que me permito de vez en cuando...abrazada a él en lugar de hacerlo sola como imagino que hace él.
No pretendo que sea un héroe invencible. Es mi marido; un hombre al que amo. Un hombre que de repente se ha visto en la obligación de asumir algo muy grande y que le supera en determinados momentos, como imagino que os pase a todos. Es un hombre sencillo y normal que tiene que asumir que su vida ya nunca va a ser igual, que sin comerlo ni beberlo se está convirtiendo en un cuidador cum laude que está enfrentando esto como puede... y yo le admiro por el esfuerzo que está haciendo. Le quería antes y ahora más si cabe porque cada día me mima un poco más y cada día está más pendiente de mí. Poco a poco va dejando su vida para consentirme a mí vivir la mía con todos mis deseos. Y eso no es bueno para él. Ni para nadie en realidad. Me preocupa que el día que yo falte se quede vacío porque haya dejado todo de lado por cuidarme a mí, que pierda el rumbo de su propia vida. No quiero que lo haga pero hace lo que hacéis el resto de vosotros, los cuidadores, que dejáis de lado vuestras vidas para ofrecérnoslas a nosotros...y no sé cómo cambiar eso.
Estoy casi segura de que sufro más con lo que imagino que puede pensar que si lo supiera de verdad. Y supongo que a él le pase lo mismo que a mí (sigo imaginando lo que puede pensar como ves). Y él sufre el doble también porque hace suyos todos los problemas, carga con su parte y con la mía...lo hace todo solo. Y eso es muy cansado y desgasta mucho. Agotador sería más apropiado. Lo sé. Y no quiero que lo haga porque me preocupa él...pero lo hace. Como lo hacéis todos los cuidadores; como lo haría yo también. Por eso lo entiendo y por eso quiero cuidarle yo a él.
Me guardo tus palabras para cuando lleguen esos días en los que pensaré: "pero qué le pasa hoy?". Así recordaré lo que a lo mejor se me ha olvidado lo más importante: cuánto me quiere y cuánto le quiero.
Gracias cuidador/a anónimo/a. Un abrazo inmenso.
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