Aquí estoy...decidiendo si me como el trozo de bizcocho que me han dado en el bus o lo guardo. La pelea constante que tiene mi cabeza entre el: "quiero adelgazar/no engordar" y el "total qué más da ya". Tengo dos miniyos en mi cabeza; uno muy tranquilín y obediente ... y el otro loco y desenfrenado. Esa soy yo. Como estoy nerviosa, pues el loco esta en su salsa la joía. En fin. Será una pelea hasta que muera, creo yo. Jajajajaj, igual la pelea dura 3 años na más...jajajja. O cinco! Quién sabe!!!
Ahora voy en el bus camino de Santander, donde me recogerán mi hermano y mi cuñada para llevarme a Asturias. Allí mi primo me ha ayudado a preparar una mini reunión con los más allegados para soltarles la buena nueva que llevo y pedirles que lo mantengan en secreto. Y eso, el decírselo y pensar en cómo se lo van a tomar, me angustia. Sobre todo una de ellas que es para mí una hermana mayor y que es la que está enferma también.
Al mismo tiempo me siento mal por engañar a mi madre. Es como una bola atragantada. Nunca le he ocultado nada y por de pronto hoy ni siquiera la veré. Dormiré en casa de mi hermano y mañana iré a casa de mi madre como si llegase del bus. Y la llamaré hoy como todos los días diciendo que estoy en Zaragoza y que iré mañana en el bus. Buffff.
En fin...que voy con un no sé qué por dentro que no sé cómo definir. Básicamente, una bola de nervios en el estómago. Estoy ansiosa. Eso es: ansiosa. Y triste, pq iré repartiendo tristeza y preocupación a los que quiero y no es algo agradable de hacer; y eso me genera nervios y ansiedad por cómo vayan a reaccionar y cómo vayan a asumirlo. Pero contenta, pq sé que todos me ayudarán con lo de mantener a mi madre ignorante de esto, que es lo más importante para mí. Pufff. Qué agobio traigo encima. Estoy contenta por ir, pero preocupada y triste también. A mi no me entiende ni San Pedro si baja y se lo explico.
Decidido: me voy a comer el bizcocho. Que le den pol viento a los kilos por ahora. No me voy a agobiar con más cosas que bastante tengo ya. Como se puede ver, acaba de ganar la batalla el miniyo cabrón. El otro se ha quedado escondido por ahí dentro en mi cabeza y ahora mismo no lo veo. Que me deje en paz un rato también. Pero en cuanto abra el papel del condenado bizcocho va a a venir a tocar las narices en plan: "de verdad? te lo vas a comer? con lo bien que llevabas la dieta?? te merece la pena??...." y así toooodo el bizcocho y más aún. Ni comer tranquila puede una, coñe.
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