Vengo del médico rehabilitador y aún no he salido de mi asombro. Se me han terminado las 15 sesiones de fisioterapia que me había recetado y que ya no me puede dar más. Le he preguntado que por qué y me ha dicho así, tan fresco, que los enfermos de ELA somos irrecuperables y que los recursos, como además son justos, los reservan para los pacientes recuperables: un ictus, un accidente, un derrame, una rotura... Me pinchan y no sangro.
Cómo será, que me he quedado sin habla. Yo. Me lo he quedado mirando fijamente, asombrada, mientras mi cerebro iba preguntado lo que había oído, él iba poniéndose rojo. Creo que durante estos segundos ha caído en la cuenta de que, además de paciente, soy una persona; en concreto, una a la que acaba de decirle sin ningún tipo de sutileza que como se va a morir, para qué invertir recursos en ella.
Cuando he reaccionado le he dicho que no seré recuperable pero que con la fisioterapia se me han quitado los calambres y he dejado de tomar la medicación que tomaba para ello, que si eso no cuenta. La respuesta: que intente ir a la piscina, que eso me iría genial. Y claro, me ha salido del alma: "pagándola yo, claro".
Después me ha dicho que me citaba en 3 meses y me han dado ganas de decirle que para qué, la verdad.
Cuando nos hemos despedido me ha ayudado a levantarme de la camilla y me ha dicho: lo siento de verdad ... no depende sólo de nosotros.
Entiendo que hay una normativa que tienen que cumplir; entiendo que para quien hace las normas no somos personas, somos números; entiendo que un ictus o una fractura son recuperables y yo no. Lo entiendo todo. De verdad, lo entiendo. Pero no por eso me duele menos.
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